2016/10/21 – André Matos celebró los 20 años de una obra maestra del powermetal

El carismático ex cantante de Angra y su banda tocaron íntegramente el disco Holy Land, de 1996.

Francisco Bañados P.
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Dicen que la música tiene el poder de llenar nuestra vida de sincronías. Creo firmemente que es así, y este sábado tuve oportunidad de comprobarlo, una vez más. En 1996, en casa de mis padres, en calle O’Higgins, escuché por primera vez un disco que me impresionó muchísimo: Holy Land, del grupo brasileño Angra. Exactos 20 años más tarde, volvía a revivir esa impresión de estar frente a una obra única, a menos de 10 metros de la que fuera mi casa, esta vez interpretada íntegramente por su creador, el cantante y tecladista André Matos.

Y claro, Havana Club, la mítica disco de los miércoles universitarios en los ‘90, espacio que también ha recibido a un buen puñado de insignes exponentes del metal internacional, albergaba el primer show del ex frontman de Angra en Concepción, centrado en celebración de los 20 años de Holy Land, el disco más importante de un grupo que se encumbró como uno de los principales exponente mundiales del power metal sinfónico.

Pese a estar lejos de la zona de confort de la banda con la que ganó reconocimiento mundial, Matos aún se tiene fe. Rodeado de músicos en su mayoría muy jóvenes, pero talentosos, supo entregarle a las cerca de 400 asistentes, una buena dosis de la magia de un disco conceptual que se remonta al año 1500, al descubrimiento de Brasil ( “el paraíso”) por el explorador portugués Pedro Alvares Cabral. En ese sentido, el inicio de “Tierra Santa” no pudo ser más acertado: una pieza del compositor G.P. da Palestrina (1525-1594), que da la atmósfera para una seguidilla de canciones que mezclará magistralmente variables del heavy, del rock sinfónico y progresivo, del bossanova y de melodías que sólo pueden adscribirse al folclore colonial brasileño, lo que se plasma a la perfección en el tema que le da nombre al disco.

En la Havana, Matos demostraba cuán importante fue en HL, no solo por los matices melódicos de su voz, sino también por sus influencias clásicas en el teclado, la que pudo mostrar en piezas tan delicadas como Silence and Distance, Make Believe y Deep Blue. Por otra parte, las canciones más agresivas, como Z.I.T.O, Nothing to Say o el neoclásico Carry On de su primer disco, Angel Cry, desataron a locura de sus fans, que movieron la cabeza como si tuvieran varios años menos.

Matos tiene tanto carisma que ni siquiera le importó equivocarse en Carolina IV, la canción más progresiva del disco, pedir disculpas y recomenzar.

Es cierto, no sonó con la contundencia de Therion o Sonata Artica, bandas que en el pasado también tocaron en el mismo espacio. Pero pese a algunas fallas en el sonido, y a que Matos ya no alcanza los mismos agudos que a los 25, se trató de un show que dio en el gusto a los nostálgicos, con un material que, sin duda, ya se ganó un espacio como un clásico imprescindible del powermetal mundial.

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